Título: La chica del lago.
Título original: Girl Saves Boy.
Autora: Steph Bowe.
Páginas: 288.
Año: 2011.
Editorial: Montena.
En el momento más oscuro de su vida, Sasha Thomas conoce a la solitaria y excepcional Jewel Valentine. ¿Y si el destino te deparase sorpresas inesperadas, incluso cuando lo das todo por perdido? ¿Y si pudieras coger aire y volver a empezar?
Muy pronto, unidos por un vínculo mágico e indestructible, Sasha y Jewel lograrán enterrar su pasado y, junto a dos amigos extravagantes y un montón de enanitos secuestrados, vivirán una aventura alocada y liberadora. No les queda mucho tiempo, pero ahora lo único que importa es que están juntos.
Una historia sobre el verdadero amor, el poder de la amistad... y sobre los enanitos que habitan en todos los jardines.
Descubrí este libro por casualidad en Goodreads, y al leer todas las reseñas que lo ponían por lo alto, decidí que me haría con él, de modo que al día siguiente ya estaba leyéndolo. Seguramente deba aprender a no dejarme llevar por las opiniones de los demás acerca de los libros, sobre todo las buenas, porque luego pasa lo que pasa; me esperaba mucho de La chica del lago porque adoro las historias tristes, pero no ha resultado ser lo que quería. Es cierto que es una historia tan desgarradora como promete, pero para mí que le faltan páginas, y no sólo al final.
Tenemos a dos protagonistas, los narradores. La primera es Jewel Valentine, una joven de 18 años cuyo pasado es de todo menos feliz. Debido a la muerte de su hermano, su infancia pasó a ser una pesadilla en poco tiempo: su padre le abandona y su madre le manda a vivir con sus abuelos. Tras la muerte de éstos, Jewel vuelve a su pueblo natal, donde salva a un muchacho de morir ahogado en el lago.
El muchacho en cuestión es Sasha Thomas, cuya presencia en las frías aguas del lago no es una casualidad: ha intentado suicidarse. Sasha sufre de leucemia en fase terminal —que le obligó a estar ingresado mucho tiempo durante su infancia—, su madre murió hace cosa de un año y su vida, al igual que la de Jewel, es complicada y no tiene muchos momentos felices, aunque sus amigos y los enanitos de jardín que roba hacen que sea más amena.
Tras este suceso, Sasha y Jewel empiezan a acercarse, entablando una amistad especial... y quizás algo más. Este vínculo les da la esperanza que ambos han perdido a lo largo de los años, les hace creer en las segundas oportunidades y en que no todo está tan perdido como parece estar. Si hay algo que es esta historia, es muy real y con un gran significado, a pesar de ser sencilla y no tener muchas páginas. Hace ver al lector que incluso los momentos difíciles tienen su resquicio de luz, que no hay motivos suficientes para dejar de vivir, que la muerte no es la solución ni la respuesta. Aunque en sí es un libro triste, los momentos de ironía y sencilla felicidad, hacen que esa tristeza y dolor sean fácil de sobrellevar.
Hay otros personajes memorables y con un gran carácter, como son Little Al —genio de la química y posible hijo de Paris Hilton y Sigmund Freud— o True, aspirante a periodista. Ambos intentan afrontar la realidad lo mejor posible, aunque sus vidas no son tan buenas como aparentan. Otros personajes simplemente me han parecido despreciables y bastante patéticos, véase Rachel, la madre de Jewel, y su padre, cuyas palabras desagradables han quedado grabadas en la mente de la joven para siempre.
Algo que me ha sorprendido ha sido descubrir la edad de la autora, ya que al tratar de un tema tan complejo como la vida, la muerte, la enfermedad y el dolor, te hace creer que es alguien cuya experiencia en la vida ha sido larga y no únicamente de 17 años, que son lo que tenía Steph Bowe al escribir La chica del lago. Su estilo es inusual, introduciendo ciertos recuerdos antes de pasar a lo que es el día de hoy, aunque la narrativa es muy similar cuando se trata de Jewel y Sasha, por lo que a veces cuesta diferenciar quién de los dos está relatando el capítulo debido a esta similitud.
A pesar de todas las altas expectativas que tenía y que han resultado ser de otra manera, tengo que admitir que es un libro precioso y que merece la pena; me ha gustado muchísimo, porque como he mencionado, soy fan de novelas tristes que me hacen llorar como si de una fuente me tratara. Aunque he de decir que necesito saber qué ocurre al final, no puede quedar simplemente así. ¿Qué pasa con Sasha y la leucemia? ¿Jewel se queda con él hasta el final? ¿Y con Little Al y True? Es decir, ¿nos lo imaginamos? No puedo simplemente imaginarme que al final todo es felicidad y fuegos artificiales, porque está claro que no, de modo que a mi parecer, los lectores necesitamos una explicación.
A todo esto, si lo que queréis es un libro cargado de emociones —tristes y desgarradoras más que felices, aunque todo con su toque especial y único—, que no tenga esos matices de fantasía que forman las novelas juveniles, La chica del lago es lo que estáis buscando. Se lee en una tarde de lluvia, acurrucados en el sofá y con auriculares en los oídos, aunque os recomiendo que la música no sea triste, porque eso sería masoquismo puro y duro.
4/5★★★★☆
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